Tuvo casas solares en la anteiglesia de Murélaga y en Puebla de Aulestia, ambas del partido judicial de Marquina (Vizcaya). De la casa de Murélaga, fue I. Damián de Ausocoa, que casó con doña María de Guizaburuaga, y fueron padres de II. Miguel de Ausocoa y Guizaburuaga, natural de Murélaga, que contrajo matrimonio con doña Josefa de Bereicua, a la que hizo madre de III. Damián de Ausocoa y Bereicua, bautizado en la parroquia de San Juan, de la anteiglesia de Murélaga, el 17 de Enero de 1699, que tuvo por esposa a doña María Bautista de Goenechea, y en ella procreó a IV. Cosme de Ausocoa y Goenechea, bautizado en la misma parroquia el 1º de Octubre de 1734, que casó con doña Catalina de Aurtenechea, naciendo de esta unión: 1º Domingo de Ausocoa y Aurtenechea, bautizado en la parroquia citada el 10 de Octubre de 1765. Pasó a casar a la villa de Torrelobatón (Valladolid), con doña Catalina Alonso, para lo cual precisó instruir expediente de vizcaína en la Real Chancillería de Valladolid, en 1817, obteniendo sentencia confirmatoria el 17 de Febrero de 1818. 2º Miguel de Ausocoa y Aurtenechea, bautizado en la misma parroquia de San Juan, el 22 de Septiembre de 1767, y 3º Juan de Ausocoa y Aurtenechea.
Escudos de Armas del apellido:
El escudo, en heráldica, es el soporte físico del blasón, al centro de las armerías. En la panoplia que representa el blasón, el escudo propiamente dicho representa el escudo de los hombres de armas. Las armas son generalmente presentadas sobre un escudo pero otros soportes son posibles: una vestimenta como el tabardo del heraldo, un elemento de arquitectura como un anuncio mural, un objeto doméstico... En este caso, la forma del contorno es aquella del soporte. El escudo se materializa por la forma geométrica y sus divisiones potenciales, o mesa de espera, en la que están representadas las armas. El escudo puede tomar diferentes formas, de acuerdo al origen de su representación.
Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aun así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753.
