En Valencia. Jaime Ansaldo prestó grandes servicios al rey don Jaime I de Aragón en la conquista del reino de Valencia, y en pago de su ayuda le dio tierras y casa en la villa de Almoradí, perteneciente hoy al partido judicial de Dolores, en la provincia de Alicante. Jaime Ansaldo dejó en dicha villa sucesores que se extendieron después por otros puntos de España. Una rama se estableció en Valencia y después en Méjico. De ella fue I. Francisco Ansaldo, natural de Valencia, que casó con doña Catalina de Peralta, de la misma naturaleza. Este matrimonio pasó a Méjico, y allí nació su hijo II. Bartolomé Ansaldo, que contrajo matrimonio con doña Juana de Contreras, también natural de Méjico (hija de Pedro de Contreras y de su mujer doña Jerónima Gutiérrez, ambos naturales de Castillo de Garci-Muñoz, en la provincia de Cuenca), naciendo de esa unión III. Juan Bautista Ansaldo de Peralta, natural de Méjico y caballero de la Orden de Santiago, en la que ingresó el 12 de octubre de 1682.
Escudos de Armas del apellido:
En campo de azur, un león rampante de oro, coronado del mismo metal.
Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc..), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc.., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc..) y esmaltes heráldicos, aun así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753 Por las Leyes de la Heráldica, cuantos lleven el oro en sus escudos están obligados a hacer el bien a los pobres y a defender a sus príncipes, peleando por ellos hasta su última gota de sangre. El oro simboliza el topacio. En las armerías de los reyes se le llama "sol", en las de los nobles con título de Duque, Marqués, Conde, etc., "topacio" y en el de la nobleza en general "oro". En su relación con los astros el oro es el Sol; de los doce signos del Zodiaco, Leo; de los elementos, el fuego; de los días de la semana, el domingo; de los meses del año, julio; de los árboles, el ciprés y de las flores, el girasol; de las aves, el gallo; de los cuadrúpedos, el león y de los peces, el delfín. El esmalte azul (azur) simboliza la realeza, la serenidad y la hermosura. Los que los lleven en sus armas, están obligados a socorrer a los fieles servidores de sus príncipes que "se hallan sin remuneración por sus servicios". En las piedras preciosas representa al zafiro y en los signos del Zodiaco a que se encuentra sujeto son Tauro y Libra. Su elemento es el aire; su metal, el acero; el día de la semana, el viernes; los meses, abril y septiembre; su árbol, el álamo; la flor, la violeta; su animal, el camaleón y su ave, el pavo real. El azur se llama Júpiter en las armerías reales, zafiro en las de los títulos y azur en la nobleza.
