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En la villa de Lezama, del partido judicial de Amurrio (Álava). I. Domingo de Amondo fue esposo de doña María Sanz de Berganza, y ambos procrearon a II. Pedro de Amondo y Berganza, que casó con doña María de Olarte, y fueron padres de III. Pedro de Amondo y Olarte, bautizado en Barambio, del mismo Concejo de Lezama, el 8 de Octubre de 1687, que se unió en matrimonio con doña Francisca de Arbaiza, a la que hizo madre de IV. Pedro de Amondo y Arbaiza, bautizado en San Juan Bautista, del Valle de Orozco, el 24 de Mayo de 1719, que celebró su enlace con doña Francisca de Orúe, y de esta unión nació V. Pedro de Amondo y Orúe, bautizado en la iglesia de San Pedro de Lanuza, Valle de Llodio, el 8 de Junio de 1751. Este caballero necesitó probar su hidalguía para ser empadronado con arreglo a ella en la villa de Anucita, del Ayuntamiento de Ribera Alta y partido judicial de Vitoria, y obtuvo Real provisión el 18 de Noviembre de 1780.

Escudos de Armas del apellido:
El escudo, en heráldica, es el soporte físico del blasón, al centro de las armerías. En la panoplia que representa el blasón, el escudo propiamente dicho representa el escudo de los hombres de armas. Las armas son generalmente presentadas sobre un escudo pero otros soportes son posibles: una vestimenta como el tabardo del heraldo, un elemento de arquitectura como un anuncio mural, un objeto doméstico... En este caso, la forma del contorno es aquella del soporte. El escudo se materializa por la forma geométrica y sus divisiones potenciales, o mesa de espera, en la que están representadas las armas. El escudo puede tomar diferentes formas, de acuerdo al origen de su representación.               

Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aún así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753.