Actualmente se conservan tres casas solares de este apellido. Una, en el poblado de Igueldo, de la jurisdicción de San Sebastián, en Guipúzcoa, y las otras, en la jurisdicción de Guernica, en Vizcaya. Una de éstas radica en el límite de la anteiglesia de Cenarruza y la otra está en la misma villa de Guernica, en la antigua calle de Amézcolle (hoy de Manuel Allendesalazar), y tienen esculpidas las armas del linaje que más adelante describiremos. Por alianza de familia, la línea de Vizcaya tuvo durante doscientos años el Señorío de la casa Torrea de Garay-Torre, cuyas ruinas se ven en Guerricáiz. Sus descendientes ocuparon los cargos de Jurados, Síndicos, Procuradores generales, Alcaldes y Justicias, y según los papeles del Ayuntamiento, se transmitieron noventa y ocho veces de padres a hijos. Otras alianzas efectuaron con las casas de Arria, Arbiazqueta, Mújica, Zenarruzabeytia, Ziloniz, Guernikazarra y Olaechea. La rama de Guipúzcoa, llamada Amezti-Arreche, estuvo aliada con las casas infanzonas de Hernandogena y Azpeteguia. En el tomo XXX de nuestra «Enciclopedia Heráldica y Genealógica», página 200, capítulo de Omisiones y Ampliaciones, pueden verse las filiaciones continuadas de estas casas, que no reproducimos aquí por su mucha extensión. En la villa de Urrieta (Guipúzcoa), hubo una casa apellidada Amestoy, y algunos de sus descendientes pasaron a Álava.
Escudos de Armas del apellido:
De azur, con una banda de oro, acompañada, en lo alto, de tres estrellas de lo mismo y de un creciente contornado, de plata, y en lo bajo, de dos llares atadas con tres eslabones, también de oro. Al timbre va celada de noble con plumas y lambrequines de azur y oro, que corresponden a las libreas de la casa de Amesti.
Simbología de los escudos de Armas:
Teniendo en cuenta la indumentaria que en la Edad Media vestían los caballeros en la batalla (armadura, celada, etc.), y que los hacía irreconocibles, resultaba necesario buscar un método de identificación y distinción entre los contendientes, que fuera revelador, preciso y rápido a una cierta distancia. De ahí surge la fórmula de exhibir en sus escudos tinturas, emblemas, etc., que los diferenciase de forma inequívoca y singular en el campo de batalla. Por eso la simbología heráldica, en su origen, buscaba formas y colores que fuesen notorios y permitiesen distinguir a sus portadores de un golpe de vista. Tal vez es exagerada la tendencia de algunos autores de dar significado o contenido a todos los emblemas (piezas, muebles, etc.) y esmaltes heráldicos, aún así hay varios tratados que estudian la simbología de los blasones de forma muy exhaustiva, entre ellos: "Ciencia Heroyca", de Don José de Avilés. Año 1725; y "Adarga Catalana", de Don Francisco Xavier de Garma y Duràn. Año 1753 Por las Leyes de la Heráldica, cuantos lleven el oro en sus escudos están obligados a hacer el bien a los pobres y a defender a sus príncipes, peleando por ellos hasta su última gota de sangre. El oro simboliza el topacio. En las armerías de los reyes se le llama "sol", en las de los nobles con título de Duque, Marqués, Conde, etc, "topacio" y en el de la nobleza en general "oro". En su relación con los astros el oro es el Sol; de los doce signos del Zodiaco, Leo; de los elementos, el fuego; de los días de la semana, el domingo; de los meses del año, julio; de los árboles, el ciprés y de las flores, el girasol; de las aves, el gallo; de los cuadrúpedos, el león y de los peces, el delfín. La plata en las armerías recibe el nombre de Luna, en lo que se refiere a las de los soberanos; en las de los títulos, perla, y en las de los restantes nobles, plata; significa blancura, pureza, y los que la llevan en sus armas están obligados a defender a las doncellas y amparar a los huérfanos. La plata significa en su correspondencia con las piedras preciosas la perla. De los astros, la Luna; de los signos del Zodiaco, Cáncer, y de los elementos, el agua; de los días de la semana, el lunes; de los meses del año, los de enero y febrero; de los árboles, la palmera; de las flores, la azucena; de las aves, la paloma; y de los animales, el armiño. El esmalte azul (azur) simboliza la realeza, la serenidad y la hermosura. Los que los lleven en sus armas, están obligados a socorrer a los fieles servidores de sus príncipes que "se hallan sin remuneración por sus servicios". En las piedras preciosas representa al zafiro y en los signos del Zodiaco a que se encuentra sujeto son Tauro y Libra. Su elemento es el aire; su metal, el acero; el día de la semana, el viernes; los meses, abril y septiembre; su árbol, el álamo; la flor, la violeta; su animal, el camaleón y su ave, el pavo real. El azur se llama Júpiter en las armerías reales, zafiro en las de los títulos y azur en la nobleza. La banda significa el tahalí del caballero, y la banda que traían atravesada del hombro diestro al flanco siniestro, y por eso se expresa en esta situación en el escudo, habiéndola puesto por armas muchos de los que fueron a las cruzadas, según el color con que se distinguian las naciones. La luna o creciente, en las armerías, se ha tenido por buen agüero, y presagio de grandeza, como se dice del sueño de Milon, hijo de Guillermo, Conde de Borgoña, a quien la noche antes de ser electo Papa, con el nombre de Calixto II, en el año 1119, se le representó en sueños un ángel, que le ponía una luna (creciente) baxo de sus rodillas, advirtiéndole, como sucedió después, que sería el Jefe de la Iglesia Universal. Los hebreos celebran las fiestas que llamaron Neomenías (en recuerdo de su pasado pastoril), y entre los árabes es distintivo de poder y de nobleza. Carlos I instituyó, en la ciudad de Mesina, la Orden Militar del Creciente, y sus caballeros y algunos de sus descendientes cargaron los crecientes en sus armas. La casa solariega, también llamada solar, casa fuerte, casa palacio, casa torre, casona, casal, etc., es el símbolo de las antiguas libertades de los nobles, caballeros e hidalgos, notoriedad y nobleza. El casco o celada simboliza la nobleza del caballero.
